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Dependencia emocional en pareja y lo que hay en ella que va mucho más allá de esta relación

Tabla de contenidos

Hay una parte sana en depender del otro. Lo que cambia es cuando esa dependencia se vuelve la única manera de estar bien

La dependencia emocional en pareja tiene una historia anterior a esta relación

Hay una forma de querer que no descansa, una forma en la que el estado de ánimo de la otra persona puede hacer que el tuyo cambie en segundos, en la que cualquier señal de distancia activa algo por dentro que no puede esperar. En la que el amor y el miedo aparecen tan juntos que ya no se distinguen del todo.

A veces se sabe que esto ocurre y aun así cambiarlo desde la comprensión sola es casi imposible. Quizá llevas tiempo preguntándote por qué no puedes simplemente salir del patrón, por qué con ciertas personas sentir se convierte en una forma de angustia: acompañar esa pregunta es parte del trabajo que hacemos en terapia de trauma.

Lo que aprendiste antes de poder elegir

La dependencia emocional en pareja no empieza en la pareja sino que empieza mucho antes, en un momento en el que eras demasiado pequeña para entender lo que estaba pasando y demasiado vulnerable para no dejarte afectar por ello.

El sistema nervioso humano nace incompleto y necesita de otro sistema nervioso regulado para regularse: el del cuidador. Cuando ese cuidador está disponible de forma consistente, es decir, cuando responde, cuando calma, cuando vuelve aunque se haya ido, el sistema nervioso del niño aprende algo fundamental: que el vínculo es seguro. Que puede haber distancia sin que eso signifique pérdida. Que la angustia tiene final.

Pero cuando esa disponibilidad fue inconsistente (cuando el cuidado llegaba unas veces y otras no, cuando el estado emocional del adulto determinaba si ibas a recibir atención o a quedarte sola con lo que sentías), el sistema nervioso aprendió otra cosa. Aprendió que el vínculo es frágil y que hay que vigilar. Que la cercanía del otro importa más que cualquier otra cosa, porque de ella depende estar bien.

Ese aprendizaje no se almacena en la memoria que se puede contar, se almacena en el cuerpo, en la respuesta automática, en la forma en que reaccionas antes de poder pensar. Y de adulta, esas respuestas se activan en las relaciones de pareja (aunque la persona que tienes al lado no tenga nada que ver con quienes las generaron).

Si hay algo que resuena en lo que describo, puede que también te resulte útil leer sobre la herida de abandono en infancia o sobre el trauma relacional y sus formas de manifestarse.

Por qué cuesta tanto soltar, aunque lo hayas visto

Quizá llevas tiempo sabiendo que el patrón existe y que hay algo en cómo amas que te hace daño. Y sin embargo, cambiarlo desde la comprensión sola resulta casi imposible.

Los ciclos de acercamiento y distancia, de calidez y rechazo, activan en el cerebro los mismos circuitos implicados en cualquier forma de adicción. Y la incertidumbre de no saber si la relación es estable y si la persona va a seguir estando, no reduce el apego sino que lo amplifica. El sistema nervioso, en esa incertidumbre constante aprende a rastrear cualquier señal de amenaza: un tono de voz diferente, un silencio que dura demasiado, una respuesta que no llega.

Cuando detecta amenaza, la respuesta suele ser automática, y puede pasar a darse de diferentes formas, tanto desde la hiperactivación como desde la hipoactivación: como por ejemplo buscar confirmación de manera urgente o hacerse pequeño para no provocar nada en el otro que lo pueda alejar o congelarse sin saber qué hacer. Pete Walker llamó a esto último la respuesta fawn (la complacencia como estrategia de supervivencia cuando ninguna otra opción parecía segura) Y esto no es una elección. Es lo que queda cuando el sistema nervioso aprendió que, para que el vínculo se mantuviera, había que hacerse pequeño. Lo que sí podemos escoger, es qué hacer con eso que se nos activa.

Lo que esto significa es que ver el patrón no es suficiente para cambiarlo. El patrón no vive en los pensamientos (vive en el cuerpo, en el sistema nervioso, en respuestas que ocurren antes de que la mente pueda intervenir)

Cómo se vive desde dentro

Hay algo en la dependencia emocional que resulta especialmente agotador: que el centro de gravedad está siempre fuera, puesto en el otro, en su estado de ánimo, su disponibilidad, en si parece cercano o distante, en si responde o no responde.

Es una forma de vivir en la que el propio bienestar depende de una variable que no se controla, y el cuerpo lleva esa incertidumbre de maneras muy concretas: tensión que no cede, dificultad para respirar hondo, un cansancio que no tiene que ver con no haber dormido, una angustia que aparece y no sabe exactamente a qué responde, porque el cuerpo recuerda y nos trae memoria, y nos informa de algo importante a escuchar (aunque no siempre haya palabras para nombrarlo).

Esto es la señal de que algo, en algún momento, tuvo que adaptarse para sobrevivir. A veces esa hipervigilancia toma formas más visibles, como los celos, que en muchos casos tienen raíces en el mismo lugar y merecen una mirada propia — si te resulta reconocible, puedes leer más sobre ello en el trabajo desde la terapia de celos.

Lo que cambia y lo que no, cuando trabajas esto

Trabajar la dependencia emocional no significa aprender a querer menos, ni construir una distancia que te proteja de sentir, sino que el sistema nervioso empiece a aprender que puede sostenerse a sí mismo, que no necesita al otro cerca para estar bien, que la angustia no es necesariamente señal de catástrofe.

Cuando eso ocurre, la relación cambia de naturaleza, no porque la otra persona cambie, sino porque cambia la posición desde la que estás en ella. Cuando ya no necesitas que tu pareja esté de buen humor para que tú estés bien, cuando una discusión no activa la señal de que todo se va a romper, cuando puedes sentir angustia sin actuar desde la urgencia, hay más espacio — para ti, para el vínculo, para un amor que no tenga que ser tan constante ni tan ansioso.

Lo que no cambia es la historia, lo que ocurrió ocurrió, pero sí puede cambiar el peso con el que la llevas, y puede cambiar lo que tu cuerpo espera cuando alguien se acerca

Cómo se trabaja esto desde un enfoque integrador

El trabajo con la dependencia emocional empieza, casi siempre, por una valoración individual, porque aunque las raíces suelen encontrarse en la historia de apego temprano, los aspectos actuales de la relación también tienen peso y necesitan ser evaluados (no siempre tiene que ver únicamente con el pasado, a veces lo que ocurre hoy en el vínculo forma parte del cuadro, y es importante mirarlo también). Desde ahí, el enfoque integrador aborda el trabajo desde distintos ángulos, porque ninguno solo es suficiente.

Desde la comprensión, el trabajo permite nombrar lo que ocurrió, y cuando alguien entiende por qué reacciona como reacciona (no desde la culpa, sino desde la historia), la vergüenza empieza a disminuir. Jorge Castelló distinguía entre querer (elegir estar) y depender (necesitar para funcionar), y esa distinción, cuando se hace desde dentro y no solo como concepto, ya cambia algo.

Desde el cuerpo, se trabaja la regulación del sistema nervioso, porque Bessel van der Kolk describe cómo el trauma se almacena ahí, y la dependencia emocional, cuando tiene raíces en el apego temprano, no es distinta. La terapia somática trabaja directamente con esa memoria corporal, no hablando sobre lo que pasó, sino permitiendo que el sistema nervioso aprenda, poco a poco, que puede estar en un vínculo sin tener que vigilarlo de manera constante. Parte de ese trabajo se traduce en herramientas prácticas de regulación, recursos concretos que la persona puede usar en el día a día para sostener la activación emocional sin actuar desde la urgencia.

Cuando hay memorias tempranas de abandono, de imprevisibilidad, de un apego que nunca se pudo dar por seguro, el reprocesamiento con EMDR permite que esas memorias pierdan el peso que siguen teniendo hoy, no para borrarlas, sino para que dejen de activarse con la misma intensidad ante situaciones que en el presente no lo justifican.

Si lo que has leído aquí te resulta reconocible, el trabajo desde la terapia de trauma puede ser un acompañamiento real, no para que dejes de querer, sino para que empieces a querer desde un lugar diferente.

Si reconoces esto, no tienes que seguir cargándolo sola

La dependencia emocional es una historia, y como toda historia, puede entenderse, puede elaborarse, puede transformarse (no de un día para otro, y no sin acompañamiento, pero sí se puede).

Si lo que has leído aquí te resuena, si reconoces algo de lo que se describe, puede ser un buen momento para dar un primer paso, acompañando desde un enfoque integrador con mirada de trauma, en procesos en los que el vínculo y el apego tienen un peso central.

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